Ayer tuvo ocasión una nueva reunión de equipo en doncde continuamos abriendo el espacio para el debate y para pensar juntos la práctica de la vida cotidiana, que es el tema que nos convoca este curso 2025-2026. En esta ocasión tuvimos como invitada a Lucía D´Angelo quien nos acompañó con la lectura orientada que puedo hacer en coversación con el equipo de los casos presentados por Julián Gea y Roberto Cordero. Han sido dos casos que nos llevaron por las preguntas sobre el diagnóstico, los detalles para poder apuntar una hopotesis que se convierte un elemento importantisimo para pensar la posición de quien dirige una cura. Como introducción, nuestra compañera Ana Streintenberger realizacó una presentación introductoria como preambulo a la conversación que compartimos a continuación:
Los pacientes que recibimos día a día en nuestros consultorios se presentan con un gran abanico de malestares y quejas, que pone de manifiesto que algo de su cotidianidad no va bien, que aquello que hasta ese momento funcionaba ha dejado de hacerlo. De modos muy diversos dan cuenta de las contingencias a las que se enfrentan como sujetos hoy en día.
Hoy son una regla las presentaciones bajo los significantes que comandan la época – ansiedad, estrés, TDAH, TEA, PAS, etc.-, así como también las presentaciones donde ya vienen con un “diagnóstico” dado por quien, según dicen, “más me conoce”: el chat GPT. Vivimos una época que ofrece todo servido, inmediato, sin que se instale una tiempo de espera. La demanda suele formularse en términos de “curame rápido, cobrame poco y no me pidas demasiado”. Todo debe ser ya, y es aquí donde el psicoanálisis debe poder introducir un impasse.
En este marco nuestra práctica, aquella orientada por el psicoanálisis, debe hacerse de herramientas para poder responder a estas demandas. Ya en 1953, en “Función y campo de la palabra y del lenguaje en psicoanálisis”, Lacan planteaba que “ renuncie quien no pueda unir su horizonte a la subjetividad de la época” . 1
Si hay algo de lo que Lacan tenía certeza es que “el psicoanálisis hace algo” 2, y para ello resulta necesario introducir la función del acto, ya que el hacer psicoanalítico involucra profundamente al sujeto.
Para Lacan, el acto analítico no es simplemente una intervención o una técnica, sino un acto que produce un corte y modifica la posición del sujeto. Se distingue de la acción común porque no busca solo hacer algo, sino producir una transformación en la experiencia del analizante. “Si nos atenemos al sentido de la palabra acto, el acto puede constituir un franqueamiento, […] En el sentido de franqueamiento, no hay duda que encontramos el acto en la entrada de un psicoanálisis.
Pese a todo, decidirse a hacer lo que llamamos un psicoanálisis, con todo lo que ello implica, con cierto compromiso que esta decisión conlleva, es algo que merece el nombre de acto.”3
Dicho de manera más llana, Lacan concibe el acto analítico como lo que hace posible que el análisis no sea solo hablar, sino que algo cambie de lugar en el sujeto. El analista no “explica” al paciente, sino que ocupa una posición que posibilita la emergencia de otra verdad para el analizante.
En el seminario recientemente publicado al castellano sobre el acto psicoanalítico, la consecuencia principal para el analista es que su acto no puede quedar respaldado por un saber previo ni por su inconsciente como guía inmediata; debe sostener una posición que no se deja guiar por su propia asociación libre. El analista no “se realiza” en el acto, sino que se expone a quedar como soporte de una operación que luego lo desvanece.
- Lacan, Jacques; Escritos 1, “Función y campo de la palabra y del lenguaje en psicoanálisis”; 3a 1
ed., México: Siglo XXI, 2009. - Lacan, Jacques; “Seminario 15. El acto psicoanalítico.”; 1a ed. Ciudad autónoma de Buenos 2
Aires: Paidós, 2026. - Idem. 3

