Cuando nada debe afectar es el subtítulo que he propuesto como orientación para el trabajo de nuestro equipo de este próximo ciclo de reuniones. Lo anestésico es propio del tiempo en que vivimos, en donde ya no solo se trata de la ilusión productiva de los hombres y mujeres de hoy de un sueño de auto-emprendimiento vital, en donde deben «gestionar» su propio abatimiento, cansancio, la defensa cotidiana y permanente de lo poco o mucho conquistado, sino que la demanda que se ha instalado, es la de cumplir con todo ello pero sumando un nuevo superpoder: No sentir!!!
En esta escalada del sujeto moderno que se empuja a sí mismo hacia un ideal de productividad e ilusoria perfección y excelencia, lo que constatamos en las consultas son los efectos que este empuje tiene en las vidas de las personas. Ansiedad, depresión, apatía, labilidad, vacío, falta de ganas y capacidad de disfrutar, angustia, aislamiento y una larga lista de manifestaciones que nos ponen delante a un sujeto abatido, pero que al mismo tiempo no puede parar en busca de la felicidad prometida.
Es todo un desafío en la experiencia clínica, en tanto que por nuestra orientación no apuntamos, y esa es nuestra diferencia, a la restitución del sujeto productivo relanzado a la actividad, sino a poder pensar en cada caso y con cada paciente como captar algo de la lógica que se pone en juego en su particular modo de sufrir en silencio, anestesiado, caído, vacío, desganado…
Reinstalar algo del orden del deseo en tiempos del empuje al más (de lo que sea) es una tarea que tomamos en el equipo y que nos permite pensar una clínica del despertar. Esa es nuestra apuesta.
Así es que en nuestro próximo curso de reuniones de equipo pondremos en tensión la clínica anestésica en contraposición a una clínica del despertar. Ésta será nuestra orientación que va desde lo anestésico a un horizonte del despertar, que siempre está allí, un paso más allá…
«Cada uno debe preocuparse por sí mismo de su propia felicidad, La felicidad pasa a ser un asunto privado. También el sufrimiento se interpreta como resultado del propio fracaso. por eso, en lugar de revolución lo que hay es depresión.» 1
- Byung-Chul Han. La sociedad paliativa. El dolor hoy. 2021, Herder Editorial, Barcelona. Pág.26.

