¿CÓMO ORINTARSE EN LA CLÍNICA COTIDIANA? Por Cristian Figueredo Braslavsky

En esta ocasión comparto el texto que sirvió como introducción a la última reunión de equipo en la que tuvimos la suerte de contar con la participación desde Milan de Domenico Cosenza quien con sus comentarios precisos y agusdos sobre los casos clínicos nos permitió oreintar la conversación y abrir a una nueva lectura de cada caso que presentaron nuestros colegas Federico Gimeno y Celeste Cremonte.

¿CÓMO ORINTARSE EN LA CLÍNICA COTIDIANA?

Este curso he propuesto La clínica de la vida cotidiana como orientación para el trabajo que se produce en torno a la presentación de los casos clínicos. Nuestra práctica se sostiene en la hipótesis del inconsciente. Esta podría ser la línea de partida en el trabajo propuesto para abordar el sufrimiento de quienes consultan. ¡Hay inconsciente! Ahora bien, el que nuestra orientación se sostenga en este punto de partida requiere un trabajo epistémico que apuntale esta hipótesis y que permita dar forma al dispositivo que acoge a cada paciente que acude al servicio, encarnada en cada caso en la figura del psicólogo o psicóloga que recibe a ese paciente.

Lo cotidiano se deja entrever en el modo particular en que cada paciente comienza a relatar aquello que le tare a la consulta. Las dificultades que se le hacen insoportables en su vida, las preguntas que se le generan con lo que le pasa, las incógnitas que encierran determinados acontecimientos con los que no sabe qué ni cómo hacer, las manifestaciones en el cuerpo que no encuentran una respuesta en la medicina y tantas otras formas de lo que no encaja y que le lleva a buscar un alivio en nuestro espacio.

Todo esto proponemos leerlo a partir de un no saber que pueda constituirse en un querer saber, es decir que se pueda articular algo de lo que no funciona en un interrogante que se abra a un deseo de saber como motor de lo que podría ser un tratamiento. Lo conjugo en condicional porque la posibilidad de que ese primer encuentro sea el primero de una serie y que esa serie tome la forma de un tratamiento requiere una posición activa por nuestra parte. Un punto crucial en nuestro trabajo es el de recibir a quien acude a consulta. El recibir y acoger no señalan en absoluto una posición pasiva, sino que por el contrario requiere una estar activos desde el inicio, siendo lo que marcará el encuentro. Ese recibir, tiene que estar sostenido en un deseo de querer saber, de poder escuchar que hay allí en eso que el paciente viene a decir, incluso cuando lo que viene a decir es poco, cuando lo que viene a decir se esconde en los significantes universales.

Es ya desde el inicio el campo que hay que hacer por abrir, el del lenguaje y el de la palabra como el elemento que puede dejar entrever lo más singular. Cuando Freud se pregunta de mil maneras sobre lo cotidiano, lo que nos deja en herencia es la curiosidad de ir más allá de lo que se dice, de poder preguntar y preguntarnos qué hay detrás de eso que se dice e incluso de aquello que no se dice.

Pero debo decir que esta curiosidad puede no tener un buen destino si no va de la mano de lo epistémico y cuando me refiero a lo epistémico, quiero indicar el estudio de la exactitud en la declinación de lo preciso, como un horizonte en tensión. La clínica debe sostenerse como una práctica rigurosa que no puede descansar en los manuales descriptivos como el DSM, sino que la orientación que sostenemos justamente no descansa ni se duerme, debe estar en tensión para producir un saber lo más preciso posible sobre lo que hacemos y como lo hacemos.

Los síntomas son fenómenos observables y es justamente en la descripción de estos y en el agruparlos, que se desdibuja la clínica tal como la pensamos, ya que para que un síntoma tenga un valor singular en primer lugar debe ser tomado en tanto signo. Es decir que “el signo es lo que representa algo para alguien. No tiene un valor intrínseco; es necesaria la interpretación del que lo recibe, médico, psi, etc., a partir de su saber.”1

Así es que tomamos esta distinción entre signo y síntoma como orientación. El signo queda del lado del analista, en tanto que debe extraer del síntoma una lectura, aquella de la que el paciente nada quiere saber. Este no querer saber estructural, es subsidiario con la hipótesis del inconsciente y justamente por ello hay que tenerlo bien presente, para no precipitar ni apresurar una intervención que apunte a desnudarlo sin que se haya constituido algo de la transferencia. Es en el establecimiento de la transferencia donde se encarna lo que conocemos como Sujeto Supuesto Saber, posibilitando ese tiempo en donde algo del comprender puede permitir poner en movimiento el trabajo.

Para finalizar con esta introducción y dar lugar a los casos, cito a Ernesto Sinatra: “Es necesaria la introducción del tiempo de comprender para que haya análisis, en verdad, es el análisis mismo este tiempo de comprender, el verdadero “biombo” entre la realidad y goce pulsional. Y para que ello acontezca se debe producir, como decía antes, la localización subjetiva y las formaciones del inconsciente; pero es preciso saber que no es suficiente solamente con que ellas se produzcan, sino que también debe darse el tiempo para que el sujeto surja y se reconozca en ese producto, para que afirme y de lugar al inconsciente como existencia.”2

 

1 Askman, D. (compilador). “Psicopatología de la locura cotidiana”, ¿Cómo orientarse en la clínica hoy?”, Briole, G., Buenos Aires, Gramma Ediciones, 2025, Pág 24.

2 E. Sinatra, Las entrevistas preliminares y la entrada en análisis. Buenos Aires, Gramma Ediciones, 2017. Pág. 116.

 

 

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