Presentación 2da Reunión de Equipo – ‘Cuando nada debe afectar’

Ayer hemos tenido la segunda reunión de equipo de este nuevo curso y fue un enceuntro divertido y lúcido. Hemos tenido la ocasión de conversar sobre dos casos que nos han mostrado lo actual en su escencia mas pura. Felicitas De La Paollera y Ana Streinstenberger han presentado estos casos que estuvieron en el centro del encuentro con los ocmenrtarios orientados por Lucia D´Angelo, quien hizo un puente entre lo teroico y lo práctico que nos ayuda a enmarcar una clínica que se sostiene en los detalles.

Roberto Cordero fue quien coordinó la reunión y estuvo encargado de introducir un pequeño texto que aqui compartimos:

‘‘Lo anestésico es propio del tiempo en el que vivimos’’, propone el argumento que invita al trabajo en nuestras reuniones este año. Agrega también que esta propiedad anestésica implica un empuje a más, que rechaza cualquier consecuencia y pretende abolir la afección: ‘‘no sentir’’.

Podríamos ubicar aquí también que la clínica anestésica es una forma que toma el ‘‘no querer saber’’ sobre sus síntomas con el que se presentan muchos de los pacientes a nuestra consulta. Que hayan síntomas, y que los pacientes los traigan a nuestra consulta para quejarse de ellos, o para pedirnos que nos deshagamos de ellos, no necesariamente implica que de esos relatos se desprenda un sujeto que quiera saber sobre lo que le ocurre, que se implique en sus dichos sobre aquello de lo que sufre, que quiera renunciar a la satisfacción que ese síntoma conlleva, que quiera despertar.

Como nos muestran los casos que trabajaremos hoy, una paciente puede dormir en sus síntomas obsesivos, bien cobijada por un diagnóstico, y quejarse de ello sin querer saber nada sobre la hostilidad que pone en juego hacia su padre, ni del inmenso agujero que abre su pérdida.

Otros hacen un excelente uso de las tecnologías disponibles para seguir hablándose solos, dándose forma a sí mismos a través de un bot de IA que proyecta la propia imagen de su yo. Hasta que algo se trastoca y encuentra un Otro que le devuelve cierta opacidad y que, a regañadientes, abre una pequeña ranura que podría dar paso a un despertar.

Ante esta coyuntura, ¿cómo nos orientamos? ¿Cómo es posible desde nuestra posición ‘‘reinstalar algo del orden del deseo’’ -como nos propone el argumento? ¿Se trata de maniobras a realizar por nuestra parte? ¿Deberíamos provocar algún tipo de forzamiento? ¿O quizás algo menos pretencioso, como propiciar un espacio donde alojar la queja -demanda- y apostar a que se instaure la transferencia, para que ésta nos oriente sobre cómo movernos allí? ¿Disponemos de esa posibilidad en un dispositivo institucional como los centros de Sanitas?

En definitiva, el deseo de analizarse, ¿es algo que puede provocarse, es algo a lo que se puede apostar dando lugar a las condiciones idóneas, o es algo que depende exclusivamente de quien llega a la consulta y deja al practicante ante lo imposible de su profesión -tal como sostuvo Freud?

Lo que sí es seguro que queda a nuestro cargo es cómo soportar, cómo hacer con esta incertidumbre. Y también, como propone Lacan en la Nota italiana, cómo soportar nuestro propio ‘‘no querer saber’’ sobre el goce del Otro, y sobre el lugar en que ello nos coloca.

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