El pasado viernes 23 hemos tenido una nueva reunión de equipo en donde hemos conversado sobre dos casos clínicos presentados por nuestros colegas Marta Nadal y Facundo Tardivo. Los comentarios estuvieron a cargo de nuestra invitada Lucia Dangelo quien nos oriento en la conversación destacando una cuesyión crucial en la cura, acerca de la difenrecia entre la agresividad, constitutiva del sujeto y la violencia que se impone en la vertiente de la puslsión de muerte tan bein descrita por Sigmund Freud. En la coordinación del encuentro estuvo David Baytelman quien presentó un texto introductorio que abrió el trabajo y que compartimos aqui:
“El sujeto ubica el síntoma como disfunción; el análisis permite encontrarle una función a ese síntoma”1
Las condiciones institucionales en las cuales ejercemos, en particular, el hecho de que una cierta cantidad de sesiones esté incluida dentro de la póliza de los pacientes que atendemos, introducen coordenadas específicas que inciden en el modo de consultar.
Por un lado, encontramos pacientes claramente orientados por un malestar, una urgencia subjetiva, una crisis o un acontecimiento traumático que irrumpe en la vida cotidiana y que podrían hacer surgir la angustia. Pero también recibimos personas que, en otras circunstancias, quizás no habrían consultado. El hecho de que el servicio esté incluido puede operar como un empuje a “aprovechar” las sesiones, a recuperar algo del Otro, en la medida en que ya hubo un gasto previo.
Esto nos confronta con consultas en las que el motivo no está claramente formulado, lo cual nos enfrenta a veces a una primera tarea clínica: la construcción misma del motivo de consulta.
En relación con el eje de este curso, “la psicopatología de la vida cotidiana”, me interesó pensar el pasaje de aquello que ocurre en la vida cotidiana del sujeto, antes del tratamiento, a la situación no tan cotidiana de la clínica. En particular, el lugar del síntoma y el modo específico en que el psicoanálisis lo aborda. En este sentido me pareció sugerente la clase que da Patricio Álvarez Bayon “La puesta en forma del síntoma” del cual intentaré transmitir parte de su lógica.
Jacques-Alain Miller en “C.S.T. Clínica bajo transferencia” lo describe claramente. Podemos decir que la entrada en análisis no está dada simplemente por el malestar ni por el motivo de consulta, sino por la puesta en forma del síntoma. Miller plantea que, a diferencia de la salida del análisis, claramente definida por el pase, la entrada puede pensarse como una suerte de “cuasi-pase”: una conmoción de la rutina del sujeto en donde se mantiene su realidad cotidiana.
El síntoma analítico se diferencia de la queja inicial. La queja es el modo en que el sujeto comunica su malestar y está relatado con los significantes del Otro. La puesta en forma del síntoma implica su inscripción en términos significantes, en el campo del inconsciente.
Miller ubica este tiempo inicial en tres momentos:
El primer momento es la conducta del sujeto antes de la sesión, es lo que cuenta de cómo es y ha sido su vida. Aparece lo singular, sus particularidades o lo que se cree normal. Aparece cómo el sujeto convivía en su cotidianeidad con su síntoma. Sería el síntoma imaginario o egosintónico. El yo puede convivir con su síntoma.
En el segundo momento, es necesario que se produzca un cortocircuito. Algo irrumpe y altera esa convivencia con el síntoma: aparece la angustia, el malestar, la vivencia del síntoma como ajeno. Se trata de la irrupción de un real que transforma un síntoma que era soportable en algo egodistónico. Lo interesante es que el síntoma ya estaba allí, pero no producía sufrimiento.
El tercer momento es la puesta en forma simbólica del síntoma. Se trata de una traducción, no al lenguaje del Otro ni a un saber general, sino al idioma del inconsciente, a los significantes propios del sujeto. Serían significantes particulares del sujeto, no serían significantes que significan igual para todos, sino que significan para él. Estaría articulado con la singularidad de sus significantes. Este es el trabajo del analista: aislar ciertos significantes (sueños, recuerdos, formaciones del inconsciente) que permitan poner en forma significante el motivo de consulta, esto es, que el malestar se transforme en síntoma analítico.
Cuando el síntoma se pone en forma significante cobra la dimensión de situar, de marcar la dimensión de un sujeto y apuntan al reconocimiento del Otro. Pone en juego la dimensión de un Otro simbólico al cual están dirigidos esos significantes. Junto con la puesta en forma significante se pone en juego la dimensión del sujeto y el Otro por fuera de la dimensión imaginaria (de la dimensión del yo y el semejante, eje a-a’).
En la medida que aparece el significante apuntando al sujeto y al Otro es donde Lacan sitúa el acto analítico que instala el sujeto supuesto saber. La puesta en forma implica la dimensión del síntoma simbólico en la línea de lo que llama el “síntoma mensaje”. Es el síntoma cómo mensaje dirigido a un Otro simbólico. Significante que está dirigido al Otro cómo mensaje y el analista se ubica en la posición del Otro al cual va dirigido ese mensaje.
La condición de la entrada en análisis, es que el sujeto consienta a salir del síntoma egosintónico y la descripción yoica de su malestar hacía la puesta en forma significante del síntoma que implica la aparición del sujeto y el Otro.
1 Silvia Baudini, Revista Virtualia, “El síntoma: un funcionamiento”,
https://www.revistavirtualia.com/articulos/516/miscelaneas-ii/el-sintoma-un-funcionamiento

